Sobre nosotros

Carnicería tradicional en Elche,
con el trato de siempre

Una historia de esfuerzo, familia y tradición desde 1970

La historia de Carnicería Ferrer comienza mucho antes de abrir sus puertas en Elche. José Ferrer y Hortensia Guilló empezaron su camino en la Vega Baja alicantina, donde levantaron una pequeña carnicería familiar con una idea muy clara: trabajar con honestidad, ofrecer un buen producto y cuidar a cada cliente como si fuera de la familia.

Años después, buscando un futuro para sus hijos, decidieron trasladarse a Elche. Allí nació Carnicería Artesanal Ferrer, un negocio construido con el mismo esfuerzo, la misma dedicación y el mismo trato cercano que habían aprendido desde el primer día.

Pero José quería ir un paso más allá. Convencido de que la calidad empieza en el origen, puso en marcha una pequeña ganadería en la Vega Baja, donde criaba vacas, cerdos, corderos y gallinas. Aquella forma de entender el oficio permitía conocer el producto desde el principio y ofrecer carnes y huevos frescos con la tranquilidad de saber exactamente de dónde venían.

El trabajo y la pasión por este oficio acabaron convirtiéndose en una forma de vida para toda la familia. De los seis hijos de José y Hortensia, cinco eligieron seguir sus pasos y dedicarse a la carnicería, aprendiendo desde pequeños detrás del mostrador y manteniendo vivo un oficio que había pasado de generación en generación.

Hoy somos la segunda generación la que continúa aquel proyecto familiar. Seguimos seleccionando nuestras carnes con el mismo cuidado, preparando cada corte al gusto del cliente y ofreciendo un trato cercano, honesto y personalizado. Porque creemos que una buena carnicería no se mide solo por la calidad de su producto, sino también por la confianza que es capaz de generar.

Con el paso de los años hemos visto crecer a muchas familias que siguen confiando en nosotros. Clientes que hoy vienen con sus hijos y sus nietos, manteniendo una relación que va mucho más allá de una simple compra.

Queremos seguir siendo la carnicería de toda la vida. Esa donde conocen tu nombre, recuerdan cómo te gusta la carne, preguntan por tu familia y basta con decir: «Ponme lo de siempre». Porque la confianza no se improvisa; se gana día a día y se construye durante generaciones.

Más de cincuenta años después, seguimos abriendo cada mañana con la misma ilusión con la que José y Hortensia empezaron esta historia.

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